La valorización de los activos intangibles
En la economía global de 2026, la brecha entre el valor contable (book value) y el valor de mercado (market value) de las organizaciones ha alcanzado niveles históricos. Mientras que a mediados del siglo XX la riqueza de una empresa se medía por sus activos tangibles —maquinaria, terrenos y existencias—, hoy en día, más del 90% del valor de las compañías líderes reside en elementos que no pueden tocarse.
La propiedad intelectual, los algoritmos de inteligencia artificial, el reconocimiento de marca y los datos de usuario se han convertido en los verdaderos motores de la generación de flujos de caja. No obstante, su medición y reconocimiento presentan desafíos técnicos que ponen a prueba los principios de prudencia y relevancia de la contabilidad financiera.
Desde una perspectiva técnica, la NIC 38 (Activos Intangibles) establece criterios estrictos para el reconocimiento de estos elementos: deben ser identificables, controlables por la entidad y capaces de generar beneficios económicos futuros.
El problema fundamental radica en la distinción entre activos adquiridos y generados internamente. Mientras que la normativa permite capitalizar intangibles adquiridos en combinaciones de negocios (bajo la NIIF 3/IFRS 3), es sumamente restrictiva con los desarrollados de forma interna, limitando su capitalización a la fase de desarrollo y prohibiéndola taxativamente en la fase de investigación.
Esta asimetría genera que muchas empresas tecnológicas o de servicios posean balances que no reflejan su capacidad real de generación de valor. En 2026, el debate técnico se centra en si estos criterios deben flexibilizarse para incluir activos como el capital humano cualificado o la estructura de datos propia, que bajo las reglas actuales suelen ser tratados como gastos del ejercicio en lugar de inversiones a largo plazo.
Para determinar el valor razonable de un activo intangible, la práctica financiera se apoya en tres enfoques fundamentales, cada uno con aplicaciones específicas según la naturaleza del activo y la disponibilidad de datos.
El Enfoque de Mercado es, teóricamente, el más directo, basándose en transacciones recientes de activos similares. Sin embargo, su aplicación es compleja debido a que la mayoría de los intangibles son únicos por definición (una marca específica o una patente particular). En el contexto actual, se utiliza principalmente para dominios web o software estándar, donde existe un mercado activo y transparente.
El Enfoque de Costo estima el valor basándose en lo que costaría recrear o reemplazar el activo en el momento actual. Aunque es útil para valorar software interno o bases de datos técnicas, tiene la debilidad de no capturar el potencial de generación de ingresos. En finanzas avanzadas, este enfoque suele considerarse un suelo de valoración, pero rara vez refleja el valor estratégico real en mercados competitivos.

El Enfoque de Ingresos es el estándar de oro en la valoración de intangibles complejos. Aquí destacan dos sub-métodos críticos:
- Método de Exceso de Ganancias de Múltiples Períodos (MPEEM): Se utiliza habitualmente para el activo intangible principal de una empresa. Consiste en aislar los flujos de caja atribuibles exclusivamente al activo en cuestión, restando las cargas contributivas de otros activos de apoyo (como el capital de trabajo o los activos fijos).
- Método de Alivio de Regalías (Relief-from-Royalty): Basado en la premisa de cuánto tendría que pagar la empresa por el uso de ese activo (por ejemplo, una marca) si no fuera de su propiedad. El valor se deriva del valor presente de los ahorros de costes obtenidos por poseer el activo.
La precisión en la valoración de un intangible depende intrínsecamente de la tasa de descuento aplicada. Debido a que los intangibles conllevan un perfil de riesgo distinto a los activos físicos, el analista debe ajustar el WACC (Coste medio ponderado de todas las fuentes financieras utilizadas) para reflejar riesgos específicos, como la obsolescencia tecnológica rápida o la volatilidad de los derechos de propiedad intelectual.
En 2026, la incorporación de primas por riesgo de ciberseguridad y riesgo regulatorio (especialmente en activos de datos) se ha vuelto una práctica obligatoria para evitar sobrevaloraciones que deriven en futuros deterioros.
Uno de los puntos más complejos en la actualidad es la valoración de los modelos de IA y los conjuntos de datos que los alimentan. A diferencia de un software tradicional, un modelo de IA puede automejorar, lo que plantea interrogantes sobre su vida útil amortizable: ¿es un activo de vida definida o indefinida?
La tendencia técnica actual sugiere tratarlos como activos de vida definida pero corta, sujetos a revisiones anuales de deterioro constantes debido a la velocidad de la innovación sectorial.
En conclusión, la valoración de activos intangibles no es simplemente un ejercicio de cumplimiento contable, sino una herramienta estratégica de gestión. Una correcta identificación y valoración permite a las empresas optimizar su estructura de capital, mejorar su capacidad de endeudamiento (utilizando intangibles como colateral) y comunicar de manera más efectiva su valor real a los inversores.
A medida que avanzamos en esta década, la convergencia entre la ciencia de datos y la teoría financiera será la que dicte los nuevos estándares de transparencia y rigor en los mercados globales.